INTEGRANTES DEL EQUIPO:
-CAROLINA LÓPEZ LUQUE
-PAULINA DE JESÚS MARTÍNEZ CAMARGO
-ALMA ROSARIO IBARRA CHAPARRO
-LUIS ALFREDO MELÉNDEZ LERMA
“SOY
POLICÍA, NO ROBOT”
Bomberos, policías,
cajeros…Muchas veces olvidamos que detrás de un uniforme, hay una persona con
problemas, sentimientos, emociones, un ser humano de carne y hueso. Un ser que
al igual que todos nosotros, también merece respeto y comprensión.
Con el tiempo (y
quizás las malas experiencias) nos hemos formado una sola visión de lo que
representa un policía. De generación en generación, hemos escuchado que a las
“patrullas” hay que sacarles la vuelta,
que los policías son unos corruptos que solo buscan aprovecharse de la
ignorancia de las personas, o peor aún, del grado de autoridad que su puesto
representa.
Nos hemos aferrado
como ciudadanos a la idea de que nosotros los civiles somos las únicas víctimas
y ellos los villanos, los abusivos. Olvidamos que en gran parte de los casos,
ellos solo están cumpliendo con su trabajo.
Como todo en la vida, hay elementos buenos y elementos malos, no podemos
generalizar y sentenciar a todos por una experiencia desagradable con alguno en
particular.
Un policía es
una fuerza estatal que se encarga de mantener el orden público y garantizar la
seguridad de los ciudadanos de acuerdo a las órdenes de las autoridades
políticas. Es de suponer entonces que deben inspirarnos respeto y no miedo, ni
mucho menos vergüenza.
¿Alguna vez nos hemos
preguntado que se siente ser un oficial de policía?
¿Lo que conlleva desempeñar un trabajo como éste? ¿Los sacrificios que hay
detrás de ese uniforme?
Muchos de nosotros ni
siquiera tenemos una idea de lo valiente que representa tomar la decisión de ser
policía. No es un trabajo fácil, tampoco un empleo que cualquiera pueda
desempeñar. Ser policía es una tarea realmente difícil.
Durante la
realización de este proyecto, tuvimos la oportunidad de escuchar de cerca los
relatos, experiencias y opiniones personales de algunos policías que estuvieron
en servicio más de 20 años. Veinte años dedicados al cien por ciento a cuidar
de familias que no eran las suyas. Oficiales entregados de corazón a su pasión:
su empleo.
Personas que se
perdieron momentos de felicidad junto a sus seres queridos por cumplir con su
labor. Seres humanos que como todos, han vivido experiencias que marcaron de
alguna manera sus vidas. Estos seres humanos que nosotros hacemos menos,
desvaloramos e incluso consideramos pedantes y hasta insignificantes, tienen
una historia que contar, tienen en su haber sucesos que marcaron sus cuerpos y
días.
Los policías no son
máquinas de acero, no están ahí solo para “fregarte” con un billete, ellos
están ahí para cuidar de ti y tu familia, están para proteger la ciudad. Los
policías no son robots, no son objetos, no son piedras sin sentimientos. Al
contrario, son seres vulnerables que también sufren y pasan por momentos de
dolor.
¿Cuántos policías en
el mundo no se enfrentan a situaciones de peligro? ¿Cuántos no temen por sus
vidas al verse de frente con la delincuencia? ¿Cuántos policías no desaparecen
diariamente? ¿Cuántos han tenido que elegir entre su vida y la de un compañero?
Simplemente, ¿cuántos policías mueren a diario? Familias que pierden a un ser
amado de la noche a la mañana. ¿Ahora entiendes?
No todo es
corrupción, también existen buenos policías, policías comprometidos con su
profesión, que hacen esto de corazón y que se dan por satisfechos con el único
reconocimiento de su gente.
Al conocer y poder
platicar de cerca con algunos policías de nuestra ciudad de Los Mochis, pudimos
sentir el entusiasmo en su voz al recordar hazañas y momentos de gloria de años
atrás, cuando aún portaban el uniforme de policías.
Al preguntárseles si
tomarían este puesto otra vez, todos afirmaron que sí. Es tanta su pasión y sed
de vocación que sin duda se pondrían los zapatos de policía cuantas veces
fueran necesarias. Y eso es lo bonito, luchar por lograr lo que uno más quiere,
lo que más desea.
Y el mensaje es
simple, ser policía es como ser maestro, futbolista, empresario, es un empleo
al fin de cuentas, con la gran diferencia de que no sabes si vas a llegar a
casa al final del día. Es un empleo sin descanso, ni vacaciones. Un empleo
demandante. La próxima vez que te topes con un uniformado, libera tu mente de
prejuicios, y piensa en la familia que quizás el dejó en casa, la fiesta de
cumpleaños a la que no asistió, o las visitas a la playa que se perdió, piensa
en lo difícil que es estar en sus zapatos, lo difícil que es olvidarte del
miedo y expresar seguridad. Valora su valentía, no menosprecies su trabajo. Los
policías son seres humanos, no robots.
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